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TEMAS |
Gran Logia Espiritual Núm. 1 CASA DE LAS ALMAS |
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| ¿Que es el Espiritismo? |
En el Congreso Espirita Panamericano (CEPA), celebrado en San Juan, P.R. del 4 al 8 de junio de 2008, presentamos el siguiente tema: "LaMoral Espírita y la nueva Humanidad"
La Moral Espírita y la Nueva Humanidad El crecimiento del ser humano debe darse en todos sus aspectos: espiritual, emocional, mental, físico, moral, en forma integral. A medida que avanzamos en nuestra trayectoria espiritual y por medio de las distintas encarnaciones, vamos desarrollando todos estos aspectos. Pero hay un aspecto que es sumamente importante, y sin intención de desmerecer a los demás, lo enfatizaremos en este momento y se trata del aspecto moral. Desde hace 151 años se ha venido presentando a esta humanidad la realidad espiritual que antes ocasionaba tanta incertidumbre y se consideraba plagada de misterios y milagros. En el curso de la evolución de la humanidad siempre hemos tenido maestros, seres que encarnan para aportar ostensiblemente al progreso. Allan Kardec, siendo uno de esos maestros, establece un sistema de enseñanza adecuado para llegar a todo aquel ser humano que se interesa por conocer las verdades expresadas por el maestro Jesús. Las enseñanzas de Jesús fueron expresadas en parábolas porque el hombre, en la medida que va madurando y abriendo su mente y su corazón, a través del tiempo es que las va comprendiendo y practicando. Porque a Jesús hay que escucharlo con la mente y con el corazón.. Allan Kardec sí entendió a Jesús lo que le permite hacer el análisis profundo y la codificación de la información recibida de los mensajeros de Jesús. Kardec establece su relación con el mundo espiritual y de la cual extrae las enseñanzas morales, científicas y filosóficas que habrían de transformar todos los conceptos religiosos, científicos y morales de su época y aquellos que actualmente están siendo modificados, razón por la cual Kardec nos advierte que por medio del Espiritismo la humanidad ha de entrar en una nueva fase, en la del progreso moral, consecuencia inevitable de aquél.¹ La doctrina espiritista ha venido a dar a esta humanidad una maravillosa herramienta de transformación moral que en este momento nosotros no podemos cuantificar, pero pasado el tiempo, futuras generaciones podrán considerar la gran contribución de la doctrina espiritista al progreso de nuestra sociedad humana. La educación espírita es importantísima para el desenvolvimiento de una vida sana y saludable en términos del cambio interno que promueve en el ser humano. Claramente lo expresa Allan Kardec cuando dice: “se reconoce al verdadero espiritista por su transformación moral y los esfuerzos que realiza por mejorarse”.² Es obvio que para Kardec y los espíritus que trabajaron con él, es importante el conocimiento que encontramos en la codificación para el desarrollo del intelecto, pero más importante aún es la transformación, el mejoramiento de la conducta del ser humano. Y esto se obtiene a través del esfuerzo que se hace para poner en práctica el conocimiento adquirido, logrando así la limpieza, el refinamiento, la pureza del sentimiento. El progreso intelectual nos lleva a razonar, a usar la inteligencia para entender que la bondad y la justicia, el amor y la caridad, la moral, son aspectos indispensables para el progreso humano. La moral espírita, ese código de conducta que dictan las leyes universales, es sencilla, no exige nada que los seres humanos no podamos hacer. Fue diseñado precisamente para nosotros, para guiarnos hacia un mejoramiento en todas las fases de nuestra vida material y espiritual, para llevarnos hacia la perfección. Jesús, como gran maestro, nos educa utilizando como ilustración para sus enseñanzas, todo lo que podía señalar del ambiente, que fuera visible a todos, como las condiciones de salud de los congregados ante él, las condiciones de un camino, de un pedregal, las plantas, los árboles. Recordemos la parábola de los acreedores y deudores, la parábola de las semillas, la parábola del buen samaritano. Todas sus palabras están cargadas de una tremenda fuerza moral que nos impacta y que la doctrina espiritista recoge para nuestro beneficio. La palabra “moral” nos llega del latin “mores” y del griego “ética” que significa costumbre.³ En nuestro mundo la moral es muy elástica por la forma en que la entendemos y la aplicamos. Cada sociedad, cada país, cada raza, cada religión, cada cultura, adopta sus propios códigos de moral para sostener sus estructuras sociales. Lo que unos ven con buenos ojos, los otros lo condenan y cada cual tiene su propia vara de medir. Y generalmente, los intereses particulares de cada cual ejercen un gran peso en esa medida. Confundimos la moral con la ciencia de las costumbres lo que nos conduce a un fatalismo moral.4 Aquí nos encontramos con las debilidades humanas, especialmente de carácter, pues cuando a alguien se le ocurre hacer algo que los demás consideramos espectacular o llamativo, vemos que aglutina muchos seguidores, sin medir la trascendencia de las acciones. Este evento se convertirá como en una gran ola que arropará a varios sectores de la sociedad que no han podido permanecer firmes y seguros en sus propios principios morales, cediendo ante el furor de las nuevas modalidades que se manifiestan en nuevos vocablos, nuevos estilos en la moda, en la música, en los bailes, etc., impactando así el recato y las buenas costumbres de las generaciones anteriores. Pero, a esto le llamamos modernización y evolución. “Cuando no se hace más que considerar las costumbres de los demás hombres, no halla uno casi en qué apoyarse, notándose en ellas tanta diversidad como entre las opiniones de los filósofos” así dice Descartes según lo cita Manuel S. Porteiro en su libro Origen de las Ideas Morales.5 La conducta de cada ser humano se mide de acuerdo con las normas de lo bueno y lo malo que son aceptadas o que rigen en el grupo en que vive por lo que la estructura moral presenta enormes variaciones de grupo en grupo y de cultura en cultura. Por otro lado, adoptamos la moral espírita por convencimiento, por razonamiento, por lógica descifrada sobre una base científica y que poco a poco, nos va transformando, convirtiéndonos en mejores seres encarnados y espirituales. Entendemos que los principios morales de cada ser están arraigados a su conciencia, forman parte de nuestra naturaleza como una adquisición transformadora del espíritu y que se van ampliando a medida que el ser evoluciona y progresa. Nos dice León Denis que si el espíritu “viola la ley moral, entenebrece su conciencia y sus facultades; se materializa, se encadena con sus propias manos. Practicando la ley del bien, dominando las pasiones brutales, se aligera y se aproxima cada vez más a los mundos felices”.6 Escuchamos a muchos hermanos, que con mucha fe y esperanza, hablan sobre cambios, sobre una nueva humanidad, sobre tiempos mejores por llegar y todos esperanzados en formar parte de esa nueva humanidad. Así también nos dice Jesús cuando nos habla de los tiempos por venir y de ese gran consolador que vendrá a ayudarnos a entender sus enseñanzas que son la clave para integrarse a la nueva humanidad anunciada. Pero tenemos que entender que esos mejores tiempos que esperamos, los tenemos que edificar nosotros mismos. No se van a dar como una obra milagrosa, bien sabemos que los milagros no existen, sino que esa transformación de vida en nuestro planeta tiene que ser un reflejo, una proyección, una manifestación de la transformación íntima de cada ser humano que aspire a formar parte de esa nueva humanidad. Allan Kardec también nos dice, y cito, “La humanidad ha realizado hasta ahora progresos incontestables; los hombres, por su inteligencia, han llegado a resultados que nunca han alcanzado desde el punto de vista de las ciencias, de las artes y del bienestar material; pero les queda aún por realizar un progreso inmenso, y es hacer reinar entre sí la caridad, la fraternidad y la solidaridad para asegurar el bienestar moral” 7…. “Es un movimiento universal el que se verifica en sentido del progreso moral. La humanidad ha llegado a uno de esos períodos de transformación, o si se quiere, de crecimiento moral; … solo el progreso moral puede asegurar la felicidad de los hombres en la Tierra frenando las malas pasiones…El Espiritismo tiene un gran papel a desempeñar en este movimiento regenerador”8…Esto nos indica que es una regeneración de carácter moral donde cada espíritu irá realizando modificaciones que le van inclinando hacia el bien y el Espiritismo tiene la misión de traer ante nosotros la verdad sobre nuestro destino, la verdad sobre la muerte y la vida futura, todo lo cual tiene el propósito de ayudarnos a entender que está en nuestras propias manos edificar y modificar nuestra moral y como resultado, nuestra vida presente y futura. La humanidad actual tiende a lamentar todos los sucesos negativos que ocurren diariamente, esa manifestación de violencia, agresividad que denota falta de respeto por la vida, no solo la vida humana, sino toda manifestación de vida sobre el planeta. Vemos la situación como algo ajeno a cada uno de nosotros porque todavía queremos ignorar que es el efecto del estado moral de todos los seres que componemos esta humanidad. En alguna medida, todos contribuimos para que esto ocurra. Todos somos responsables. El Espiritismo, como doctrina no religiosa, nos lleva de la mano a conocer a esa energía suprema que llamamos Dios, a conocer a Jesús, a conocernos a nosotros mismos, a entender y utilizar todo el potencial de transformación moral que hay en cada ser humano. Dice Kardec que fuimos creados simples e ignorantes para darnos la oportunidad de crecer, de desarrollarnos por nuestro propio esfuerzo. Y ese esfuerzo lo tenemos que dirigir no solo al desarrollo de la mente, del intelecto, sino también al corazón, al sentimiento. Cuando la enseñanza espírita se dirige al intelecto, cuan esclarecidos nos sentimos, encontramos la razón, el porqué de la vida, de las situaciones que vivimos, es como abrir una ventana para dar paso a la luz del entendimiento. En una comunicación de hace algunos años, el espíritu de Kardec nos dice que en cada ser humano hay un pequeño orificio por donde penetra la luz del entendimiento y es nuestro deber trabajar y esforzarnos para que ese orificio sea cada vez más amplio. Ahora, cuando esas enseñanzas se dirigen al corazón, cuanto nos emocionamos, como nos tocan el alma, como se fortalece nuestra fe y nuestro corazón se llena de esperanza, de agradecimiento, de amor. En ese preciso instante nos sentimos que somos uno con todo lo que existe, adquirimos un sentido de pertenencia que lamentablemente, resulta ser una proyección fugaz pero que a su vez, puede dejar una impresión indeleble en nuestro espíritu. La moral espírita, que es la misma moral de Jesús, es la moral universal, la que se practica en otros lugares del espacio, en mundos más adelantados que el nuestro. Es la conducta que habrá de acercarnos o alejarnos del bien universal. Al decir bien, nos referimos a todo aquello que se puede manifestar por medio del pensamiento, sentimiento o acción y que adoptamos los seres humanos y que produce bienestar, dicha, progreso, porque se ajusta a todo lo promulgado por las leyes universales. Son las mismas enseñanzas que se ofrecen a los hermanos desencarnados en las escuelas del mundo espiritual. La mediumnidad en la nueva humanidad habrá de presentar nuevas modalidades porque a través de la práctica de la moral espírita, el médium habrá desarrollado una mayor capacidad de amar. Encontraremos entonces que proliferarán los mediums naturales. En el Libro de los Espíritus, Kardec nos presenta un código de moral espírita expresado en diez leyes morales9 que si lo estudiamos con suma atención, nos da un nuevo enfoque y un mayor entendimiento sobre la moral del ser humano. Vemos allí que el sentido moral ha existido siempre en la conciencia de cada ser, y ha ido evolucionando según el espíritu asciende en su trayectoria espiritual. Los primeros hombres tenían un sentido moral ajustado a su desarrollo, era rudimentario, pero estaba ahí. El hombre actual también manifiesta un desarrollo de su sentido moral, conforme al grado evolutivo alcanzado. Una persona no toma decisiones ni se pregunta sobre su respiración, sobre los latidos de su corazón o su proceso de digestión, esas son acciones involuntarias que atraen nuestra atención solo cuando ocurre algún desajuste, pero sí se pregunta a sí mismo si debe aceptar un soborno o como debe tratar y guiar a sus hijos, porque éstas son acciones que se determinan por el sentido moral del individuo. Cuando nuestro cuerpo físico se enferma, necesitamos de la medicina convencional. Cuando se enferma nuestra alma ya se trata de corregir el desequilibrio practicando el bien, ajustándonos a la ley moral. El Espiritismo nos ofrece la prescripción, la receta necesaria para sanar el alma- la práctica de la caridad, la práctica de la humildad, la práctica de la ley de amor. Esta prescripción, emitida por Jesús, el médico de las almas, se encuentra diseminada en la codificación espírita. Sabemos que por su naturaleza, el ser humano tiende a buscar felicidad, a buscar su bienestar, no solo material, sino también la paz en su corazón, pero debe entender que esto solo es posible acatando la ley moral y aplicándola en todos los aspectos y funciones de su vida para lograr, como consecuencia de su esfuerzo personal, un crecimiento intelectual y moral equilibrado. El Espiritismo, en su desempeño como guía moral, nos pone, por medio de la práctica mediúmnica, frente a la situación por la que atraviesan los seres desencarnados que se despreocuparon de cultivar y de cuidar el aspecto moral cuando estaban encarnados. La mayoría no gozaron del privilegio de estudiar la doctrina espiritista como lo tenemos nosotros en este momento de nuestra vida como seres encarnados. Esto no quiere decir que para ser bueno y obediente de las leyes universales, hay que ser espiritista. Pero, sin duda alguna, es una gran ventaja ser espiritista a pesar de la gran responsabilidad que contraemos – porque a mayor conocimiento, mayor responsabilidad. El adquirir conocimiento espiritista nos compromete a poner en práctica esas enseñanzas para lograr una transformación moral en nuestras vidas de manera tal que nos capacitemos para colaborar en la transformación de la vida en nuestro planeta e individualmente dar a nuestro espíritu la oportunidad de crecimiento moral e intelectual. El bienestar y el progreso de una sociedad se edifica sobre su estado moral. Es el sentido moral el que le permite utilizar sus conocimientos científico y tecnológicos para beneficiar o destruir su propia sociedad. Está ampliamente documentada la destrucción de civilizaciones antiguas que no pudieron establecer y dar a sus conocimientos la aplicación justa y correcta para el bien común. No pudieron superar las imperfecciones humanas que hoy nos señalan Allan Kardec y los espíritus en la doctrina espiritista. El ejemplo de integridad moral que nos legaron Jesús y Kardec y que está ampliamente expresado en la doctrina espiritista no debe pasar desapercibido para ninguno de nosotros. Es la mayor manifestación de amor que hemos recibido de estos dos hermanos y tenemos el deber de reconocerlo y honrarlo en nuestro diario vivir. Es la manera en que podemos contribuir al progreso de nuestra humanidad. El Espiritismo es una expresión de la educación a nivel universal que reciben todos los seres en su trayectoria espiritual y nos llega a nosotros por medio de Allan Kardec. Es una doctrina que no tiene medidas, no es palpable en la fe y la esperanza que nos aporta, habita en lo más íntimo de nuestro ser y es de ahí de donde hay que rescatarla para que aflore y se manifieste en el progreso de cada individuo y de la humanidad.
BIBLIOGRAFÍA: 1. Kardec, Allan, El Libro de los Espíritus, Conclusión V, Editorial Kier, S.A. 2. Kardec, Allan, El Evangelio Según el Espiritismo, Capítulo XVII, Sed Perfectos, Los Buenos Espiritistas, Editorial Humanitas 3. Porteiro, Manuel S., Origen de las Ideas Morales, Edicão: Pensamiento Social Espírita www.viasantos.com/pense 4. Ibid. 5. Ibid 6. Denis, Leon, Después de la Muerte, Capítulo 42, La Vida Moral, Editorial Kier, S.A. 7. Kardec, Allan, El Génesis, Los Milagros y las Predicciones, Capítulo XVIII, Los Tiempos Han Llegado, Incisos 6 y 7, Editorial Kier, S.A. 8. Ibid 9. Kardec, Allan, El Libro de los Espíritus, Libro Tercero, Leyes Morales, Editorial Kier,
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