Gran Logia Espiritual Núm. 1

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Conversando sobre Espiritismo...

Temas para el mes de septiembre de 2006

 El Espiritismo no es una religión, sino una ciencia.

Para poder decir con certeza que el Espiritismo no es una religión sino una ciencia, primero tenemos que definir qué es religión y qué es ciencia.  Entendemos que religión es “el conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella y de prácticas rituales para darle culto.”  Por otro lado, ciencia se define como “conocimiento cierto de las cosas por sus principios y causas, cuerpo de doctrina que constituye una rama particular del saber humano”.

Partiendo de esas definiciones podemos asegurar que el Espiritismo constituye una ciencia y no una religión y para ello nos apoyamos en los siguientes principios que sostienen la doctrina espírita y que la colocan dentro del marco de la ciencia:

1.                 La existencia de Dios -  El Espiritismo considera a Dios como la energía suprema creadora del universo, arquetipo o modelo original del amor supremo.  La religión lo concibe como un ser mutable que premia o castiga.  El gran científico del siglo pasado, Albert Einstein aseveró muy sabiamente: “yo no acepto el acaso porque jamás pude creer que Dios se divirtiese jugando a los dados con el universo”.  Como ciencia el Espiritismo tampoco acepta las “casualidades”, todo responde a una causa y un efecto, sistema regido por leyes que manifiestan la perfección de Dios.

2.                 Preexistencia y supervivencia del Espíritu -   El Espiritismo nos confirma la inmortalidad del alma, mostrando al espíritu como el principio inteligente del universo.  Existimos antes de nacer y continuamos viviendo después de la muerte.  El espiritista francés Gustavo Geley, en su libro “Del Inconsciente al Consciente” nos dice que “tanto en el universo como en el individuo, lo esencial es un dinamosiquismo que pasa por la evolución de lo inconsciente a lo conciente”.  Estos conceptos espíritas, puramente científicos, liberan al hombre de la angustia de la nada después de la muerte o de un destino eternamente condenatorio, sin oportunidades de superación, pues nos dan la certeza de un porvenir cuya edificación le corresponde a cada individuo mediante su progreso moral e intelectual. 

3.                 Reencarnación  -   El espíritu, que ya dijimos es inmortal, utiliza diversos cuerpos físicos a lo largo de una trayectoria de vidas sucesivas por cuyas experiencias adquiere conocimientos y adelanto moral.  El concepto reencarnatorio ha sido aceptado y comprobado por científicos y filósofos desde la antigüedad.   Contrario a este concepto está la teoría religiosa de que Dios crea al espíritu en el momento de la concepción.  La Ley de Reencarnación destaca la individualidad del espíritu, las responsabilidades son personales, no hay “pecado” de un hombre recayendo sobre los demás.  El concepto de reencarnación es cada día más aceptado por su lógica y coherencia y el cual debemos estudiar para tener una mayor comprensión de los propósitos de nuestra vida presente y futura.

4.                 Evolución -   Todo evoluciona, los planetas, la vida, el hombre, las sociedades, la materia, el espíritu.  En el Libro de los Espíritus, Kardec nos instruye sobre la evolución de un principio síquico, anímico, inteligente, en los seres vivientes, “en una serie de existencias que preceden al período que llamáis de humanidad”... por lo cual... “todo se encadena y tiende a la unidad en la naturaleza”. Todo esto le es revelado por los espíritus a Kardec quien trata esta revelación espiritista en forma muy científica, como un observador que estudia el hecho para investigar la causa y de ahí sacar las conclusiones. (Véase Libro de los Espíritus, Libro Segundo. Cap. XI, Los Tres Reinos, preguntas 607 a la 611 y El Génesis, Cap. XI, #23).  Esto es algo totalmente distinto a la revelación divina de las religiones y que éstas convierten en dogmas y artículos de fe. 

5.                 Mediumnidad  -   Así se conoce a la capacidad que tenemos los seres humanos de relacionar ambas humanidades, la invisible y la visible.  Esta capacidad es un instrumento valioso para comprobar experimentalmente, la inmortalidad del alma, rectificar ideas sobre el cielo, infierno, demonios, castigos eternos, etc.  Ha existido siempre ya que es una facultad inherente al ser humano y uno de los instrumentos de experimentación científica de la doctrina espírita y que es considerada por las religiones como una manifestación demoníaca.  Por estas manifestaciones se ha podido comprobar que la vida continúa más allá de la tumba y que según sembramos, cosechamos. 

6.                 Pluralidad de Mundos Habitados -  Dijimos que todo evoluciona, mundos, espíritu, materia, etc.  Como dijo el Maestro Jesús “en la casa de mi Padre hay muchas moradas” pues nosotros, junto a tantas otras humanidades, somos los moradores que habremos de habitar esas moradas según alcancemos los niveles vibratorios afines a cada una de ellas.  Se ha comprobado que no estamos solos en un espacio infinito, eterno e ilimitado y vemos como la ciencia de nuestros días se afana en buscar y encontrar pruebas de vida en otros planetas y “planetas potenciales habitables”. Quiere decir que lo que el astrónomo espírita francés Camilo Flammarion estudió, y escribió libros sobre el tema, hace más de un siglo, será confirmado por la ciencia de nuestros días. 

En los libros que componen la codificación espírita a veces encontramos palabras o frases con una connotación que pudiéramos señalar como religiosa, pero debemos tomar en consideración la intención del autor, la época en que se produjeron los escritos y sobre todo, que la información recogida está basada en el “cristianismo”, refiriéndose a las enseñanzas de Jesús, el Cristo, y no de alguna religión en particular.  De esas enseñanzas “cristianas” impartidas por Jesús, es que luego surgen distintas religiones que no se pueden confundir con Espiritismo, ya que éste enseña el evangelio de Jesús partiendo de una base científica, filosófica y moral. 

En la Revista Espírita #5, página 148, de mayo de 1858, Kardec dice lo siguiente:  “¿Por qué entonces declaramos que el Espiritismo no es una religión?  Porque una sola palabra no puede expresar dos ideas diferentes, y en la opinión general la palabra religión es inseparable de servicios religiosos; evoca solamente la idea de un formato del cual el Espiritismo carece.  Si el Espiritismo se denominara a sí mismo como religión, el público no vería otra cosa mas que una nueva edición, una variación, si lo desea, de los principios absolutos en materia de fe; ...ya que el Espiritismo no tiene ninguno de los caracteres de una religión en el uso acostumbrado de esta palabra, no puede ni debe adornarse a sí mismo con un título que no sería fiel a su sustancia.  Es por eso que simplemente se dice que Espiritismo es una doctrina moral y filosófica”.

 

Tema para el mes de agosto de 2006:

Los supuestos "Pactos con el Demonio"

La evolución del ser humano responde a una ley divina, incontestable, que discurre paso a paso, lentamente, en la medida y según el hombre mismo se disponga a fluir en la corriente del progreso.  Esto, naturalmente, sujeto a su libre albedrío.  Podemos observar en las distintas épocas que esos pasos evolutivos, en su mayorìa, han sido intervenidos por el miedo lo cual no ha permitido un desarrollo máximo en cada circunstancia.  Lo vemos en la religión, donde hemos podido ser condenados a un infierno eterno, lo que provoca miedo a la muerte y así mismo, a todo lo desconocido.  Cada uno de nosotros podría presentar ejemplos donde el miedo ha jugado un rol importante.  Una de las figuras que más temor y miedo ha infundido en la humanidad es el denominado “demonio”.

Las historias y leyendas que han pasado de generación a generación han contenido relatos sobre seres sobrenaturales dedicados al mal.  Esto ha hecho que en la mente del hombre se haya creado una imagen maligna, muchas veces fuera de toda proporción lógica, una imagen ligada a hechos tenebrosos, de terror y que ha servido para confundir y crear el miedo al no poder identificar su procedencia y las maneras en que podemos evitar su proximidad.  Esta imagen a quien se le ha creado una personalidad y a quien se le adjudican sinnúmero de fenómenos de carácter negativo se le conoce como “demonio”.

La doctrina espírita, el Espiritismo, nos enseña que todos fuimos creados iguales, “sencillos  e ignorantes”, Libro de los Espíritus, Libro Segundo, Capítulo I, De los Espíritus, pregunta #115.   Se nos permite libertad de acción bajo la Ley de Libre Albedrío.  Esto quiere decir que tenemos la libertad de discernir y elegir el camino que deseamos seguir recordando siempre que todo ser está destinado para llegar a la perfección y el tiempo que demore en alcanzarla, depende totalmente de los esfuerzos que realice para aprender y vivir conforme a lo aprendido.

Según a la mayoría le motiva el progreso porque los esfuerzos que ha realizado para alcanzarlo le han demostrado que la felicidad solo se encuentra en el camino del bien, haciendo el bien y no el mal, también hay seres que no han despertado a esta realidad y se complacen en hacer lo que llamamos el mal.  De modo que el mal no es otra cosa que la ausencia de bien.  El mal es un estado del cual todos podemos salir en cuanto así nos lo propongamos. 

Decimos que para conocer la luz es necesario haber estado en la oscuridad.  Así todos los seres que se encuentran en la oscuridad es porque aún no han conocido la luz.  La experiencia nos demuestra que todo ser que una vez experimenta lo que es estar en la luz, difícilmente opta por la oscuridad.  El Padre, en su infinita misericordia, nos permite a todos en algún momento, un atisbo de luz.  Es ese momento en que una reacción positiva de nuestra parte nos ha llevado a sentir paz, satisfacción con nosotros mismos por el bien realizado, por el deber cumplido, por el compartir fraterno en una manifestación genuina de compasión hacia el prójimo.  Todos nosotros en algún momento, o en muchos, hemos experimentado ese sentimiento íntimo.

Por ley natural todavía somos seres imperfectos, que aún no hemos alcanzado ese despertar de conciencia que nos puede conducir a apreciar en todo su valor estos momentos antes descritos y reconocer que somos capaces de conducir toda nuestra vida en ese estado de bien que hemos experimentado transitoriamente, si así nos lo proponemos.  Siendo seres espirituales y carnales, dualidad en que nos desenvolvemos los seres humanos que habitamos este plano, somos muy dados a dejarnos llevar por los llamados de la materia, de la carne.  Cuando nos permitimos acceder a estos llamados e ignoramos los llamados del espíritu, entonces es cuando permanecemos por más tiempo en el camino equivocado, o sea, el camino que nos aleja de Dios.  De ahí que todas nuestras acciones sean un reflejo de nuestro estado, que en este caso sería el estado del mal;  realmente es el estado de la ignorancia.

El Espiritismo nos enseña que no existen seres malos, sino seres ignorantes.  Son seres que todavía no se han decidido a cambiar de rumbo, todavía no han asimilado todas las lecciones para bien que su vida le ha ofrecido.  Son seres que se han complacido en acciones poco edificantes porque no les cuesta mucho esfuerzo como le sería el camino del bien, donde tendrían que realizar reformas íntimas en cuanto a sus gustos, hábitos, costumbres, creencias, etc.

Aquellos seres que se obstinan en permanecer en estado de ignorancia, habiendo tenido oportunidades de salir de ese estado, y que se complacen en hacer el mal, ya sea como seres encarnados (los llamados vivos) y como seres desencarnados (los llamados muertos) son los que identificamos como “demonios”.  De ahí podemos deducir que nosotros, los que buscamos el bien, nos encontramos rodeados de esos hermanos nuestros a quienes llamamos “demonios”. 

Por nuestras imperfecciones, por nuestros defectos, por nuestras “caídas” y conforme a la Ley de Afinidad, podemos entrar en relación con estos hermanos ignorantes que siempre están al acecho buscando su próxima víctima, aquel hermano a quien puedan mortificar, perjudicar, desviar de sus buenos propósitos y convertirlo en compañero de sus fechorías.  Es aquí donde si no estamos alerta, podemos caer en ese tipo de conducta convirtiéndonos en aliados de estos seres equivocados.  Es un camino que somos libres de elegir, pero que a la larga nos habrá costado bastante caro en términos de arrepentimiento, de proceso de regeneración, en responsabilidades asumidas por el daño ocasionado a otros y por supuesto, el estancamiento que esta conducta produce en nuestra trayectoria espiritual.

Esto ha ocurrido desde la creación del hombre, cuando algunos avanzaron más que otros en la senda del progreso.  De modo que los demonios no son creados como tal, sino que son seres que se rehusan momentáneamente a entrar al camino del bien debido a su ignorancia, pero que siguen siendo hijos de Dios, hermanos nuestros y a quien podemos ayudar mediante la oración y los buenos ejemplos dados en nuestra vida diaria.  Decimos “momentáneamente” porque la vida del espíritu es eterna y las oportunidades de progreso son también infinitas y todos tenemos derecho a esas oportunidades.

En todos los tiempos ha habido personas que, por afinidad, se reúnen y celebran ritos satánicos o demoníacos de toda índole y algunos han llegado hasta el punto de producir la desencarnación (muerte) de seres que ignorantemente se han entregado a estas prácticas, con funestas consecuencias, como hemos visto a través de los medios noticiosos y decimos que han hecho “pacto con el demonio”.  Como vemos, son solo prácticas resultantes del desconocimiento de sí mismo como seres creados para practicar y aprender a través de la paz y el amor fraterno que nos enseñara Jesús.  Estos seres entregados al mal son seres creados por Dios como todos, nos dice Kardec, “simples e ignorantes” y que ejerciendo su libre albedrío han decidido permanecer en la oscuridad, practicando el mal, lo que nos indica que Dios no ha creado ningún ser para hacer el mal.

Por lo tanto, lo que llamamos “demonio”, un ser creado como tal,  realmente no existe, solo existen hermanos nuestros en estado de atraso o estancamiento en su proceso evolutivo.  Los llamados “pactos con el demonio”  no son otra cosa que la decisión que hemos tomado de seguir en los pasos del mal a aquellos seres que aún permanecen en la oscuridad pero a quien Dios siempre da la oportunidad de encontrar la luz cuando ellos se disponen a buscarla.   Si aceptamos las sugerencias de estos hermanos equivocados, le damos fuerza y poder sobre nosotros, cuando lo que convendría hacer es oponer una firme voluntad en el bien y solicitar el auxilio de las fuerzas superiores, algo que está al alcance de todos nosotros.

En el Libro de los Espíritus, Capítulo IX, Intervención de los Espíritus en el Mundo Corporal, pregunta #549, Kardec nos dice:  “El pacto, en el sentido vulgar de la palabra, es la alegoría que describe a un individuo de una naturaleza mala que simpatiza con espíritus malhechores”.

“El que quiera cometer una mala acción, por este mero hecho atrae espíritus malhechores que le ayudan y se ven obligados  entonces a servirlos como ellos lo hacen respecto a él, porque también lo necesitan para el mal que desean hacer.  En esto únicamente consiste el pacto”.  Aquí resalta el adagio pueblerino “dime con quién andas y te diré quién eres”.

Así, pues, en manos de cada uno de nosotros está la edificación de nuestra vida, de nuestro destino, haciendo buen uso de todas las capacidades que nos han sido otorgadas por el Padre y que a nosotros nos corresponde activarlas, desarrollarlas y utilizarlas para el bien nuestro y de la humanidad.

 

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